El destino de la jefa de sección de las Escoles de la Mar de la Generalitat Valenciana estaba escrito. La historia de Diana Saura con el mar nace en la infancia, se consolida en la formación y se proyecta en la gestión pública, el liderazgo y la defensa de la igualdad. Su coherencia, compromiso y trayectoria hacen de ella la gestora deportiva del mes destacada por la GEPACV.
Diana nació en la calle Deportes, un detalle que ella misma interpreta con una sonrisa como una señal temprana del rumbo que tomaría su vida: “como si estuviera predestinada”. Nació en Burriana, una ciudad pesquera, abierta al Mediterráneo, donde el mar no es solo paisaje, sino identidad. Aunque comenzó jugando al tenis, la presencia del puerto y de la embarcación familiar marcaron su infancia. Su padre tenía una pequeña barca. Compitió en un equipo de remo de banco fijo, el “llaut valencià”, y tuvo la suerte de que se construyera en 1992 la Escola de la Mar de Burriana, en su puerto. En ella trabajó durante 10 años como monitora de vela, de remo y de piragüismo, compaginando estudios y regatas.
Esa relación temprana con el deporte llevó a Diana a estudiar la licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en Cheste. Trabajó como profesora de Educación Física y cursó un Máster de Gestión. La docencia le gustaba, aunque su mirada siempre iba un paso más allá. “Veía un centro y pensaba en instalar placas solares”, recuerda, una forma muy gráfica de explicar su inquietud por la mejora, la gestión y la innovación.
La gran oportunidad llegó con el anuncio en 2004 de la celebración de la America’s Cup en Valencia en 2007. La Generalitat Valenciana impulsó la ampliación de la red de Escoles de la Mar y pensaron en ella para poner en marcha y materializar el proyecto. Residió, estudió y trabajó varios años en Valencia, en la dirección General de Deporte, como técnico en gestión del Deporte. Una etapa clave en la que empezó a comprender el funcionamiento interno de la administración pública y el impacto real que puede tener la gestión deportiva en la sociedad. Ella misma resume ese aprendizaje como un privilegio: “Tuve la suerte de que desde la dirección General de Deporte contaran conmigo y comencé a dedicar mi vida a promocionar las actividades náuticas y a que más personas tengan la oportunidad de conocerla”.
Más adelante solicitó el traslado a la Escola de la Mar de Burriana para poder conciliar su vida profesional y familiar. La decisión, necesaria a nivel personal, también la llevó a reflexionar sobre las desigualdades estructurales que aún persisten y lamenta que en los niveles más altos de gestión la presencia femenina siga siendo menor: “En la Dirección General de Deporte solo somos tres mujeres Técnico en Gestión del Deporte y ninguna jefa de servicio”.
El mar y el deporte la siguen acompañando de cerca. Actualmente compite en un equipo femenino de pádel y siempre que puede se embarca, convencida de que el deporte no es una etapa, sino un perfecto compañero de vida. “El deporte nos debe acompañar siempre, y los buenos equipos son la clave del éxito”, afirma con convicción.
Uno de los capítulos más significativos de la trayectoria de Diana fue la creación del primer equipo femenino de regatas de la Comunitat Valenciana, “ZFG”. En un entorno históricamente masculinizado, aquel proyecto tuvo un valor deportivo y simbólico. En las regatas había pocas mujeres y, cuando las había, solían formar parte de tripulaciones masculinas. “Nuestra afición a la náutica se vio reforzada al crear el equipo femenino. Conseguimos muchos méritos deportivos y nos dio muchísimas alegrías. Si en esa época hubiera habido Instagram o TikTok habríamos conseguido llegar a más personas. Esa visibilidad y esos recursos no los teníamos”, añade.
Aunque al preguntarle por lo más meritorio de su carrera profesional, sin duda reconoce haber trabajado en equipo por la temprana apertura de las Escoles de la Mar durante la pandemia y por la recuperación de la goleta Tirant Primer de la Generalitat, de 28 metros de eslora y más de 32 años, gestionado ahora desde Burriana.
A las futuras gestoras deportivas les lanza un mensaje claro, directo y empoderador: “Tienen que creer en ellas. Para la consecución de las metas, se necesita altas dosis de confianza, empatía, trabajo en equipo y mucho esfuerzo que nadie nunca va a regalar a una mujer”.